Recuento de Feminismo Mexicano por Tres Investigadoras de la Universidad Autónoma de México

Escrito por  Fabiola Aguilar D. 30 Sep 2010

“Feminismo en México, Ayer y Hoy” de Editorial Molinos de Viento es una pequeña edición difícil de conseguir, como otros ensayos de investigación. Afortunadamente, en este caso, vale la pena el esfuerzo que implica la búsqueda. Este libro cuya edición data del año dos mil está firmado por tres investigadoras de la Universidad Autónoma Metropolitana de la Unidad Xochimilco, del área de “Mujer, Identidad y Poder”: la Dra. Ana Lau Jaiven, la Dra. Eli Bartra y la Dra. Anna M. Fernández Poncela. Así mismo, incluye un prólogo de Ángeles Mastretta. Este volumen acierta al mostrar la transdisciplinariedad de los estudios de Feminismo; es decir, muestra cómo este tema atraviesa y reúne campos de conocimiento diversos. En este caso, está firmado por una escritora, una historiadora, una filósofa y una antropóloga.

 Si bien el tema ahuyentan a varios lectores, debido a las connotaciones negativas asociadas al término “feminismo”, los invito a dar la oportunidad a este libro. Esta publicación parte de cuestionamientos sobre los inicios de este movimiento en nuestro país hasta si se considera pertinente todavía. Más que contener todas estas respuestas, me parece que parte de preguntas interesantes tanto para los que se permitan una oportunidad para dejar de suponer y mejor, conocer de qué se trata tanto alboroto.

 Para comenzar suavemente, arranca con un aterciopelado texto de Ángeles Mastretta, llamado “Valientes y Desaforadas”. La escritora haciendo gala de su capacidad narrativa y poética, describe las implicaciones una lucha, incluso si es íntima o en voz baja, por el derecho de consolidarse como sujeto. Cada logro obtenido por las abuelas y las madres, ese espacio ganado en la pareja o en la familia y aún si nunca fue reivindicado socialmente, consolidó un paso más para que la siguiente generación tuviera un lugar de donde partir. Mastretta coloca el feminismo en la casa de esas mujeres que no sabían que existía tal término, que se hubieran escandalizado de escuchar que otras mujeres quemaron brassieres en las calles y que nunca asistieron a una manifestación política puesto que ellas “sí tenían cosas que hacer”.

 Tal vez su ideología y su entorno no les permitía rechazar todos los rezagos sociales, psicológicos y en algunos casos, de derechos humanos en los que se encontraban insertas. Sin embargo, cada pequeña batalla sembró y sigue sembrando lo que probablemente después, decante en sus hijas e hijos, en una voz firme por los derechos femeninos. Mastretta agradece entonces a las otras generaciones esas pequeñas grandes luchas, que hicieron posible que se respirara el aire de cuestionamiento del feminismo de los setentas.

 Desde mi punto de vista, hace falta este ejercicio de reconciliación con el feminismo, tanto en el pasado como en el presente. El feminismo es un concepto que probablemente permite que tú estés leyendo este texto, que yo lo escriba y que no se detiene en que tú y yo sepamos leer y escribir. Es decir, no ha perdido su necesidad de existir y abarca un espectro mucho más amplio y para empezar incluye a ambos géneros. Como Ángeles Mastretta reflexiona, tiene que ver con el ‘saber estar solos’ y el ‘saber estar acompañados’ sin perdernos a nosotros mismos. Creo que hacen falta más textos en este tono, por favor, y más lectores abiertos a comprender de qué temas trata y a quién beneficia esta lucha.

 Ana Lau Jaiven escribe un artículo llamado “El Nuevo Movimiento Feminista Mexicano a Fines del Milenio”, complejo y ambicioso intento por narrar los vaivenes del movimiento en nuestro país. El texto arranca por un apunte que comúnmente se esquiva –o se obvia- desde los apuntes teóricos hasta en las citas periodísticas: el término ‘feminismo’ no es uno y la diversidad de significados prácticamente obliga a presentarlo de antemano.

 La variedad de posturas comprendidas dentro del gran paraguas que resguarda el concepto de ‘feminismo’ atestigua la vitalidad de estas teorías. Su multiplicidad es reflejo de las muchas voces y conciencias que han levantado. Así, Jaiven comienza por apuntar un ejercicio de historicidad del término, es decir ¿qué ha significado ‘feminismo’ a lo largo de su existencia en México?

 El texto precisa que se encargará de narrar lo que se conoce como “nueva ola del feminismo mexicano”, tomando como eje los movimientos sociales y políticos que configuran el feminismo en nuestro país. La investigadora se adscribe a la división histórica que lo organiza en tres etapas: prácticamente por décadas “Organización, Establecimiento y Lucha”, “Estancamiento y Despegue” y “Alianzas y Conversiones”.

 Me pareció interesante y compleja la labor de Jaiven al hacer una correlación entre los diversos actores que entretejen esta historia: desde los diversos organismos internacionales como la ONU a los logros en las instituciones educativas como la UNAM o el Colegio de México; desde el surgimiento de publicaciones feministas como fem hasta la conformación y desarticulación de los grupos feministas. Si bien, el lector podría sentirse perdido entre tantas siglas de los diversos grupos e instituciones, sentí que la autora refleja la complejidad del panorama, entre acuerdos, desacuerdos y constantes reinvenciones.

 Como lectora, todavía estoy indecisa si fue un acierto o una omisión ahondar más en los puntos de ruptura entre los grupos. Si bien un texto de investigación no tiene como objetivo incluir los problemas interpersonales, me pregunto si no habrá una lección en todo eso que sucedió. Es decir, ¿habría una forma de evitar ciertos errores propios de las organizaciones, parte de los postulados que se eligieron como pilares de los grupos o dichos desacuerdos parten de una acumulación de problemas históricamente apilados?

Me parece que Ana Lau Jaiven deja apuntadas líneas muy interesantes de investigación, lo cual representa un gran acierto. Si bien el texto es corto para la gran tarea que plantea el título, es afortunado en plantear la separación entre oportunismo, activismo y política. Así mismo, señala la forma en que los movimientos sociales han asegurado su continuidad. Su historia deja en claro que sólo a través de la representatividad política, que permita transformar los planteamientos teóricos en ley han persistido. Incluso deja ver esta necesidad latente, consciente de las desigualdades sociales y a pesar de la ambigüedad en la aplicación de la ley, desafortunadamente bien conocida en nuestro país. El establecimiento de un sistema legal es un primer lugar al que hay que llegar.

 Me uno a los cuestionamientos que esta investigadora hace al ‘movimiento feminista mexicano’ sobre las estrategias y tácticas que permitirán a muchas más mujeres y hombres a unirse a estas causas. Probablemente hace falta una re-invención de las estrategias de comunicación, que en otros momentos históricos, donde está todo por hacerse, parecieron no tan urgentes pero que a la luz de una revisión histórica, se sintieran fundamentales.

 En un tono totalmente diferente y atestiguando la multiplicidad de voces, “Tres décadas de Neofeminismo en México” de la Dra. Eli Bartra presenta un texto que viene muy bien acompañado por fotografías del archivo de Ana Victoria Jiménez. Esta activista y fotógrafa documentó los movimientos sociales feministas desde principios de los setenta, con lo cual ha configurado un archivo de un valor histórico fundamental. Resulta emocionante encontrarse con esas imágenes que muestran las primeras caras públicas de los grandes nombres del feminismo nacional.

 Desde el título del texto, la Dra. Eli Bartra acude a una terminología particular, del “neofeminismo”, separándose teóricamente de los texto anteriores. Ella sitúa al “feminismo de la nueva ola” en los sesentas y comienzos de los setentas y lo plantea como un movimiento que tiene continuidad con la lucha por los derechos de la mujer que existe desde finales del siglo XVIII.

 La autora hace énfasis en las posturas ideológicas que transforman y nutren el “neofeminismo”. Sitúa al “feminismo de la nueva ola” como una lucha por los derechos a la igualdad, mientras que el segundo, representa el respeto a la diferencia y la lucha por la equidad. Así mismo, puntualiza que ahora se está enfocado en la conquista por la libertad del propio cuerpo. En este sentido, hace un recorrido por la lucha para la despenalización del aborto, que a la fecha en que se cierra la edición, no se había logrado.

 La historia que relata la Dra. Bartra incluye un análisis del surgimiento del “neofeminismo” y me llama la atención el tipo de narración que hace de la condición social de las iniciadoras de esta etapa. “Clase media, con acceso a la educación superior” no es una cuestión menor si se trata de una precisión historiográfica. Sin embargo probablemente existe otra razón para longitud de la acotación: constantemente se ha “acusado” al feminismo teórico de ser ‘clase mediero y blanco’ sobre todo por críticas del feminismo indígena, chicano o negro que no se encontraban representadas en algunos de los discursos. Bartra intenta comprender estas razones y hace una explicación persuasiva e interesante de este fenómeno. En el mismo tono, trata de comprender el tema de la separación en organizaciones exclusivas de mujeres. Analiza breve pero precisamente esta necesidad de la “autonomía”, que en ocasiones se ha tachado de separatismo.

 Bartra hace un recorrido por la historia del feminismo desde un punto de vista crítico y personal. Por ejemplo, si bien no anula a las demás organizaciones, posiciona al grupo Movimiento de Liberación de la Mujer (MLM) como el más importante para sentar las posturas del neofeminismo y por su presencia ininterrumpida en la lucha. Explicita su controversial postura de franca crítica al “feminismo asistencialista” de los ochenta, que se encargaban de asociaciones de ayuda a la mujer. Describe el fenómeno del feminismo de los noventas como el de “onegeización” (refiriéndose a la asociación con las ONG`s) y hace énfasis e intenta explicar la falta de nuevas adeptas a la causa en esta época. Aborda brevemente el tema del “empoderamiento” y la “profesionalización” del movimiento y critica las estructuras de élite que se han formado en las organizaciones feministas contrastadas con las estructuras más planas de las organizaciones de los ochentas.

 Es decir, Eli Bartra es de armas tomar y si bien, uno puede estar de acuerdo o no, apunta temas que dejan al lector cuestionándose y deseando que el ensayo ahondara más sobre las razones de sus posicionamientos. Una de las conclusiones más precisas, afirma que “el feminismo tiene que ver con revolucionar la vida doméstica, para que cambie la existencia de las mujeres de manera real”. Y en ese punto, la autora difícilmente podría causar disidencias.

 Anna M. Fernández Poncela escribe un ensayo de corte económico-social. Para ello, toma datos de una encuesta de carácter nacional aplicada en 1996 para un proyecto de participación y cultura política. Así mismo, aplica esas preguntas a estudiantes de la Universidad Autónoma Metropolitana en 1995 y a la Universidad Iberoamericana en 1996, así como 4 preguntas más en las universidades.

Las dos preguntas incluídas en la encuesta nacional fueron:

1. ¿Qué opinión tiene usted de los grupos feministas?

La respuesta podía ser: Buena, Mala, Ninguna.

2. ¿Usted se considera feminista?

Se podía responder afirmativa y negativamente.

 

Las cuatro preguntas adicionales aplicadas en las universidades fueron:

-¿Qué es el feminismo?

-¿Usted qué piensa del feminismo?

-¿Cómo considera al feminismo: algo bueno, malo o no sabe?

-¿Se considera feminista: sí, no, en cierto modo? Y ¿porqué?

 Desde mi personal punto de vista, estos estudios distan de ser satisfactorios, aunque reconozco el esfuerzo que debe haber sido la gestión e implementación esta iniciativa para la cual no se tienen antecedentes en el país. En mi formación he lidiado con estudios tanto cualitativos como cuantitativos y reconozco la importancia que tienen en cuanto a la opinión pública.

 Los movimientos feministas en México han probado de distintas maneras lo que significa para las iniciativas sociales dejar con un carácter de importante, pero ‘no urgente’ las estrategias de comunicación. Desde mi punto de vista, la continuidad del movimiento, los nuevos adeptos y la conciencia social no se logrará sin dar la importancia a la capacidad de transmisión de conocimiento de lo que estos movimientos persiguen.

Es por esto que considero fundamental seguir el ejemplo del esfuerzo del estudio que la Dra. Fernández refiere en este ensayo, tanto en evaluaciones cuantitativas, que permitan hacer afirmaciones que representen el estado de la cuestión a nivel nacional o local, y las cualitativas, que permiten las investigaciones más a profundidad.

Sin embargo, consciente de la complejidad del tema a escala de encuesta nacional, me pregunto si el objetivo fue trazado lo suficientemente preciso para obtener datos sobre los que se pueda actuar. Me parece que los resultados obtenidos muestran un conocimiento general, en afirmaciones como “son las mujeres, los jóvenes y adultos, los de mayores grados de instrucción y las amas de casa los que consideran bueno al feminismo. Los grupos sin opinión o los de una opinión negativa se conforman básicamente a partir de los hombres mayores, con  menor educación y a veces también de reducidos ingresos”.

Recordemos también que en una pregunta cerrada (aquellas que pueden responderse afirmativa o negativamente), los mexicanos tenemos una respuesta de cortesía muy alta que muchas agencias de investigación suelen considerar. Es decir, ante una pregunta donde el entrevistado se sienta juzgado o simplemente detecte que la pregunta complacerá al entrevistador, dará una respuesta positiva.  En última instancia, si bien, conocer la opinión sobre si considera feminista de la población, haciendo correlaciones de edad, edad o nivel socio-económico puede ser interesante, dista mucho de resolver una vía de acción concreta.

Otro es el caso de la encuesta realizada en las universidades que si bien muestra un corte muy heterogéneo y es de un número muy reducido, como señala la autora del artículo, al menos permite ahondar en creencias arraigadas en la opinión general. El artículo no ahonda en si hubo ciertos aprendizajes para los cuales puedan tomarse líneas de acción concretas, sin embargo, muy probablemente existan en las conversaciones con los jóvenes universitarios. Considero que herramientas como estas pueden resultar en un instrumento muy útil que las organizaciones constantemente utilizan, y creo que los movimientos feministas deberían poner mayor atención a este tipo de estrategias como las que relata la Dra. Fernández Poncela para obtener los beneficios que dichas herramientas permiten.

De las bisabuelas o las neofeministas, de las amas de casa a las universitarias, de la casa a los debates en el senado el feminismo ha permeado como una avalancha por todos los recovecos de la vida común y de la vida en común. A veces de manera silenciosa y privada, en ocasiones, a gritos y consignas callejeras. Me pregunto cuál sería el siguiente paso del feminismo mexicano, cuya primera gran cualidad es la persistencia del trabajo de mujeres admirables. Gracias a esos logros, las nuevas generaciones podemos debatir públicamente sobre estos temas incluso hasta la falsa creencia de que el feminismo ya logró todo lo que se había propuesto; gracias a su insistencia en los discursos nacionales se adopta una actitud de hastío: “ya hemos oído eso hasta el cansancio”.

Me cuestiono si la etapa siguiente será sobre la reconciliación de las ideas con las opiniones públicas. Constantemente escuchaba entre mis alumnas de universidad que ya todo estaba resuelto en el feminismo y probablemente lo decían con referencia a sus propias vidas. El resto de los problemas era para ellas inabarcable, frente al cual muchas se sienten impotentes. Sin embargo, si tienes diez amigas hablando de su independencia en una habitación, una de ellas experimenta violencia física en su noviazgo[1]: ¿sabes acaso quién es?  Entre ellas mismas, cinco participan en violencia psicológica, ¿conocerán siquiera de qué se trata y que  no deberían permitirlo? ¿estarás tú o tu hermana, entre ellas? Este es sólo un pequeño ejemplo de la complejidad de la problemática. Con él en mente, vuelvo a preguntar: ¿estará todo resuelto, aún en nuestros propios pequeños entornos? Vuelvo a coincidir con Ángeles Mastretta cuando afirma que el feminismo “no es sólo una teoría que busca mujeres con valor, sino una práctica que pretende de los hombres el fundamental acto de valor que hay en aceptar a las mujeres como seres humanos libres, dueñas de su destino, aptas para ganarse la vida y para gozarla sin que su condición sexual se los impida”. El reto está en hacérselo saber y exigirlo tanto a los hombres, como a las mujeres.



[1] De acuerdo a datos publicados por UNICEF, en México “siete de cada diez jóvenes sufre violencia en su relación de noviazgo” (un 76% de violencia psicológica, 16.5% de violencia sexual y 15% de violencia física)”.

Fuente: http://www.unicef.org/mexico/spanish/17045.htm

 

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1 comentario

  • Rosa María González Maldonado
    Rosa María González Maldonado 04 Oct 2012

    De casualidad me encontré con estos comentarios que resumen un libro que me pareció muy interesante.
    Realmente me gustóel análisis que hacen de la parte que escriben de cada una de las autoras.
    Ahora me dejaron con la inquietud de buscarlo y leerlo.
    ¿Me podrían ayudar a drme una pista?
    Saludos
    Rosa María González

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